sábado, 23 de julio de 2011

Qué fáciles son las orejas para unos

Cartel de no hay billetes compuesto por representantes del G10. Enrique Ponce, Julián López El Juli y José María Manzanares. Toros de Garcigrande y Domingo Hernández. Faena de peso de Enrique Ponce, en su estilo, fallada por la espada. Manzanares corta una oreja a cada uno de sus toros abriendo la puerta grande. El Juli con el lote más malo poco puede hacer. Corrida mal presentada, más propia de un pueblo que de una plaza de primera. Es lo que hay cuando llegan las figuras. Y recordarme que el otro día se le negó la segunda oreja a Alberto Aguilar con un buen toro de La Quinta. 


Crónica de Andrés Verdeguer. Blog Cornadas para todos.
MANZANARES POR LA PUERTA GRANDE EN TARDE SIN EMOCIÓN

Plaza de toros València, 22 de julio de 2011. Feria de Julio. Toros de Domingo Hernández y Garcigrande sin presencia y bajos casta. El tercero fue el mejor. Para Enrique Ponce (silencio y ovación), El Juli (ovación en los dos) y José María Manzanares (oreja y oreja). Lleno de hay billetes.  


Alguien se está cargando la corrida como rito de riesgo, arte y emoción; para prueba la aparición del G-10, Ponce, EL Juli y Manzanares, que acabó saliendo por la Puerta Grande, en la Feria de Julio. Que, por otra parte, bendita aparición porque hacía tiempo que este ciclo histórico de Sant Jaume no registraba un lleno de no hay billetes. Aunque todo hay que decirlo, esto es por la (re)aparición de José Tomás mañana y por otra cosa. 

Se veía venir. Ya lo apuntamos con la corrida de La Quinta e incluso con la novillada de Los Galos, de la que Simón Casas es co-propietario. Se cumplió el pronóstico del novillo 'atorado' y del toro (de las figuras) anovillado. Y descastado, hueco, bobo, simple, sin aristas que pulir, que lidiar.  

Pura pantomima fueron los primeros tercios en toda la corrida. Tercios de varas para cumplir el trámite sin pena ni gloria porque todo quedaba a expensas de las faenas muleta. 

 
Y con esas reglas del juego fue José María Manzanares quien sacó tajada. Le cortó una oreja a su primero, una auténtica cabra impresentable. Arreciaron las protestas, pero para entonces la autoridad ya le había metido una puñalada a la afición permitiendo que se escupiera al ruedo de València semejante especimen.  


Crudito, el animal quedó en bendito para uso y disfrute de Manzanares. Muletazos de trazo largo, tanto como daba de sí la embestida del novillo, que debaja estar y no molestaba. Y aún así pudo haber más limpieza. 


Manzanares aplicó su particular arte, empaque y gusto. En redondo y sobre todo al natural. Suficiente para que el personal jalease su actuación, pero a decir verdad la faena careció de emoción, de la emoción del toro bravo. Mató recibiendo a la segunda, puso a la plaza en pie y cortó una oreja.
  
Con el sexto la 'lidia' transcurrió por similares derroteros con la salvedad de que el toro, con una pizca más de presencia, resultó más descastado todavía hasta acabar metido en tablas. 

Manzanares decoró la faena con un par de trincherillas, puro aleteó de la punta de la muleta, un molinete y una serie, la mejor, ya al final muy ligada rematada con un cambio de mano que fue un placer, puro toreo de salón. Y otro vez mató a recibir por pura cabezonería, con el toro pegado a tablas y por eso, porque se salió con la suya cortó otra oreja, la que le abría la puerta grande. 


Enrique Ponce, para variar, alargó sus faenas una eternidad. La primera careció de todo sentido. Toro flojo y amuermado al que llevó por la periferia una y otra vez. Y todo carecía de sentido.  


El cuarto, bajo, amplio y acapachado fue un dechado de nobleza. El más toro y el mejor de la tarde. Ponce le abrió faena por abajo. Hubo un doblón que fue un auténtico cartel, pero un desarme en el de pecho emborronó tan bello inició. 

Faena buena de Ponce. Temple y ajuste en muletazos muy enroscados en redondo. El natural no le salió tan ligado. Luego vinieron las poncinas y algún que otro detalle más con todo a favor de corriente. Y a todo eso, a un toro sin dejar de embestir pastueño una y otra vez. Sonó un aviso antes de entrar a matar y pinchó. Metió una casi entera y sonó otro aviso. Atronó al toro al tercer golper de verduguillo.  


El Juli no tuvo una tarde redonda, pero dejó lo mejor y más sabroso de la tarde. Fue el quite que le hizo al segundo de Ponce por chicuelinas con el broche de una media tremenda de manos bajas rematada atrás barriendo la arena en el mismo centro. 


Sobre todo eso, y también la última serie a su primero. De esa faena, lo mejor fue como sujetó al castaño, con cierto cuajo, como le admistró los terrenos. El Juli aquí pudo. Y la última serie fue la demostración. De los medios se fue al tercio con el toro, mansurrón pero con buen son, cuando ya lo tenía exprimido. Y ni corto ni perzoso volvió a los medios, citó y le sopló una serie a derechas mandona y de mano baja en el mismo centro de gran rotundidad. Falló a espadas, cosa rara, y perdió el trofeo.  


Al quinto, que se tapaba por la cara y que fue por delante el más serio de la tarde, pero por detrás un culo pollo --como se dice en el argot no oficial--, tardo y mansurron, El Juli no acabó de encontrarle el punto. Lo intentó en toques serios, pero sin ligar ni encontrar el sitio. Fue una pelea que acabó en tablas.
Crónica por Andrés Verdeguer. Blog Cornadas para todos

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