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jueves, 9 de mayo de 2013

Madrid, centro de la Tauromaquia

En una de sus crónicas, contaba don Gregorio Corrochano:

Ya vuelven los toreros de alegrar la vida provinciana. Vuelven con la misma aureola con que nosotros les despedimos, que, al fin y al cabo, las provincias no hacen sino aplaudir lo que nosotros aplaudimos, subrayar lo que anotamos como bueno. Madrid impone su criterio taurino al resto de España. Por esto los toreros quieren y temen a Madrid. En frase gráfica, ellos dicen que Madrid es quien da y quita. Aquí se acaba en una tarde una reputación y se hace un torero por el modo de coger el capote. Es mucho Madrid.

Hoy empieza la feria de San Isidro, 2013. ¡Suerte a todos!

jueves, 18 de abril de 2013

Sobre la feria de Sevilla

Estoy pasando una feria que no me divierto ni un día en los toros. Y es que no se ha lidiado todavía una corrida de toros. El síntoma es fatal. Si en Sevilla, cuna de  toda la afición, se prescinde del ganado, relegándolo a segundo término; si en Sevilla no se le da al toro toda la importancia que el toro tiene en la Fiesta, esta afición, ya hoy muy falsicada, va a perder el poco carácter que le queda.

En Sevilla debían verse los mejores toros, porque pasan del campo a la plaza, sin los inconvennientes de un largo viaje. En Sevilla debiera existir la rivalidad, la noble rivalidad, que es estímulo de ver quién presetna mejor corrida de toros. Están en su pueblo, están en su casa; venimos gentes de todas partes a visitarles, dispuestos a la admiración desde que tomamos el tren y a no regatear ni a hoteleros ni a cocheros, para quienes indudablemente se invetó la feria de Sevilla.

Esto debiera ser la Meca del toreo. Pues no lo es, y cada año lo será menos, porque aquí, cada año tiene menos importancia el toro, y, si me apuran ustedes un poco, diré que también cada año tiene menos importancia el torero. Hubo combinación, que no señaló por no herir susceptibilidades y porque basta con leer el cartel para verlo, que si no dice arriba el cartel que es la feria de Sevilla, nadie lo hubiera creído. Sevilla, que siempre fue una región aparte y única en esto de los toros, cada día pierde más su privilegio, la exclusiva que se le concedió, y por exigencias de unos, condescendencias de otros y compadrazgos de todos, las corridas de Sevilla van acabar por no tener más importancia que las de otra feria cualquiera, y aún citaría yo ferias donde no pasa lo que pasa en Sevilla.

Escribía don Gregorio Corrochano estos parrafos en el inicio de una de sus crónicas de la Feria de Sevilla de 1920. Sin duda, valdría para los tiempos actuales. Sevilla ya no es lo que era. 

 Todo el mundo habla de la media de Morante.

Foto: Mundotoro.

martes, 9 de abril de 2013

Sobre algunos ganaderos

Copio estas líneas de una crónica de Gregorio Corrochano que habla de los ganaderos que crían un toro dócil, noblón y sin emoción para el disfrute de los toreros.

Los ganaderos sólo se preocupan en achicar el tipo, de hacer el toro... simpático al torero. Yo he oído decir a un ganadero: "La corrida no ha sido brava; pero estoy contento, porque a los toreros les ha gustado". Naturalmente: como que para ellos los crían, y toda la afición, y todo el escrúpulo, y todo el amor propio lo han sometido a eso, a que gusten a los toreros. La consecuencia de esta teoría es la degeneración del toro, pues en cuanto le guste al torero (que equivale a decir que disminuye el enemigo, se aleja el peligro y se facilita el toreo), el toro ha desaparecido. Y desaparecerá, porque desaparecer es privarle de fiereza, de pujanza y de esto que llamamos respeto, que no es otra cosa que el miedo que infunde su presencia.

Esta es la quiebra de criar toros para que gusten a los toreros, que éstos pasan, se retiran, se van y el toro queda. Pero ¿cómo queda? Cuando los ganaderos crean que pasado el compromiso ya pueden criar toro a su gusto, entonces no podrán, porque se encontrarán con la ganadería destrozada y, con que para rehacerla hace falta un cultivo de muchos años, de muchos más años que los que emplearon en deshacerla, suponiendo que el remedio pudiera aplicarse a una ganadería ya degenerada.

Gregorio Corrochano.

Los "figurones" de hoy en día aun están más empeñados que las de la época de don Gregorio Corrochano en desaparecer la casta y la bravura en las reses de lidia.


 Foto de Mundotoro.

miércoles, 13 de febrero de 2013

A quien le dé miedo de los toros, que no sea torero

Si daña a la fiesta de toros la insinceridad, no la daña menos el conformismo. Llamaremos conformismo a esa falta de interés por que las cosas se hagan bien; a esa aceptación  de hechos consumados, sin reacciones que obliguen a la enmienda; a esa entrega dócil al abuso y el engaño; a la renuncia fiscal que se observa en sectores que pueden ser decisivos.

Tranquilizan su afición los conformistas diciendo que es achaque antiguo, que siempre pasó lo mismo; sin analizar si es verdad que pasaba lo mismo y cómo pasaba, y si se dejaba pasar mansamente. Antiguo es el delito, y no lo admitimos por antiguo, ni aceptamos al delincuente, sino que le oponemos un código defensivo. Antiguo es el pecado, contra el que luchamos con la penitencia. La antigüedad del mal no justifica su resignada aceptación. Pero analicemos eso de que siempre pasó lo mismo. Que el abuso estuvo siempre en acecho - como delito-, es cierto. Que se aceptó el abuso se le opuso siempre el dique de la disconformidad y de la protesta en todos los tonos.
 
 
Al intento de abuso se contestó enérgicamente con el disgusto, con la denuncia de los aficionados y de los periódicos, de lo que hay constancia copiosa en la Prensa profesional y en los diarios políticos, en documentos dirigidos a los gobernadores, en proclamas como aquella "Aficionados, a defenderse" con más de tres mil firmas. No, no había conformidad, ni tolerancia, ni pasividad ante el abuso, tolerado hoy como irremediable y defendido por algunos interesados, como malicia de achaque antiguo. El que quiera documentarse y no tenga tiempo de consultar bibliotecas y hemerotecas, que el Doctrinal Taurómaco, de Hache, amplio volumen dedicado casi exclusivamente, con machaconería, a recoger protestas y campañas con sus fechas, firmas y gestiones, que salen al paso de abusos y aun de supuestos abusos, porque a veces los dedos se le hacen huéspedes al malhumorado Hache, lo que refuerza nuestro argumento y corrobora más el clima de suspicacia y disconformidad que vigilaba la fiesta de toros.

Cito este libro como recopilación de protestas constantes y reiteradas, que si es indicio de abusos, es más indicio de disconformidad que mantiene despierta a la afición, y esto es lo importante del volumen, y esto es lo que queremos reflejar y esto es lo que falta contra los abusos de hoy, los mayores abusos de todas las épocas del toreo, con la mutilación del toro.

Aquel clima daba su fruto. Los presidentes de las corridas no se limitaban a asistir al reconocimiento de los toros y recibir el parte de los veterinarios, sino que, después de las corridas, se tomaban la molestia de bajar desde su alto sitial al desolladero a ver las bocas de los toros y comprobar, por comparación con unas bocas disecadas, la edad de cada toro. Porque ahora que tanto parece preocuparnos el peso de los toros, y las multas a la falta de peso, no tenemos en cuenta la edad del toro, que es lo más importante, lo básico, lo que define al toro, lo que le diferencia fundamentalmente del novillo, aparte, naturalmente, de los cuernos rotos por accidente o por arreglo intencionado, que los incluye reglamentariamente en desecho de cerrado, inservibles para corridas de toros. Pero como está a la vista, no hay que comprobarlo, sino aplicar el reglamento. Lo de la edad necesita una inspección con el toro muerto, porque vivo, no se le puede abrir la boca como al burro de la feria. Aquella sospecha  de abuso, aquella denuncia de la afición, obligaba a los presidentes a bajar al desolladero, para garantía y tranquilidad de todos, incluso de los ganaderos escrupulosos. 

Para que el toro vuelva, basta con cumplir el reglamento, que es el código del toreo. No hay por qué buscarse quebraderos de cabeza. Todo está escrito y previsto. Toros limpios, con edad, libras y trapío: corrida de toros. 

El que no tenga toros que no lidie corridas de toros. Al que le dé miedo de los toros, que no sea torero.

Libro Tauromaquia. Gregorio Corrochano.
 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

¿Qué es un toro bravo?

Recojo estas líneas del libro TAUROMAQUIA escrito por Gregorio Corrochano en el cual intenta definir qué es un toro bravo.

La bravura, cuyo origen y medida desconocemos, se le ha considerado como un carácter del instinto, con lo que se ha creído darla una definición. Carácter y bravura son términos confusos, de los que tenemos alguna luz por comparación. Un toro es mas duro al castigo que otro; un toro es más rápido en la acometida que otro , un toro es mas revoltoso que otro; un toro es mas bravo que otro.

Si juzgamos por lo que vemos con el toro confiado en el campo, tranquilo en libertad, donde convive con el hombre y con el caballo, y por lo que ocurre en la plaza, donde no tolera la presencia del hombre ni la del caballo, podemos sospechar que la bravura es un temor defensivo. Cuando un toro pisa el ruedo, busca una salida. Como no la encuentra, se para. El hombre le reta tirándole un capote o avanzando hacia él con un caballo, y el toro acomete. ¿Por qué? No lo hace por comerse el hombre no al caballo. Lo hace por defenderse del hombre que le hostiga, que le hiere, ya a quien teme. La bravura es un instinto de defensa, de un grano parecido con el valor del torero. Porque si el toro defiende su temor acometiendo con bravura, el torero tranquiliza su miedo toreando valerosamente. Son dos miedos que se encuentran, se retan y chocan; el miedo del toro bravo al torero y el miedo del torero valiente al toro. Ese acoplamiento de bravura y valor, al enfrentase y temerse, hace posible la maravilla del toreo.

La bravura no tiene medida ni no es en la lidia, pero está condicionada al torero, que no siempre es un buen lidiador. Esta es la bravura visible, aparentemente real; pero hasta llegar aquí, ¿qué procedimiento sigue el ganadero para descubrir la sospechada bravura, aislar y conservarla? Tiene la práctica de la tienta, que es una lidia miniatura, y la conducta registrada en los libros  de familia o reata, es decir, la herencia. Dos variables de dos procedimientos insuficientes, porque los errores frecuentes del ganadero pregonan la insuficiencia del método. Y, sin embargo, se desconoce otro, pues seleccionar en una corrida un toro que reuna aparentemente las condiciones de un buen reproductor, aunque parezca razonable, aparte de consideraciones de otro orden que no son de este momento, está sujeto a los errores de una lidia falseada, y ya hemos dicho condicionada al torero, que no siempre es buen lidiador. No se lidia en la plaza para ver a un toro; sino para ver a un torero, que son dos maneras distintas de lidiar; por lo que, sin descartar la prueba, no encontramos suficiente este sistema de selección , al que le estorba el público. Como le estorba en la tienta, que suele ser un bello espectáculo campestre para lucir una casa y una mesa, lo que debería ser faena muy escrupulosa, trabajo y no diversión, sin que distraiga la atención del ganadero los cuidados debidos a los invitados. Porque de ahí ha de salir el toro bravo.

La bravura tiene una escala de dureza o resistencia al dolor, de codicia o rapidez de intolerancia al cite, de nobleza o instinto de defensa, de sentido o facultad de diferenciar el engaño del bulto. Un buen observador puede ver esta escala, más o menos acusada, en una corrida de toros de una misma ganadería. Tan variable y difícil de conocer y sujetar es la bravura.

Por todo esto, es peligroso el hacer con la bravura del toro comercio de comodidad para el torero; que sea bravo, pero hasta cierto límite, para que no acose y moleste al torero; que sea pastueño, pero que no se extreme  hasta la mansedumbre que le ronda; que vaya a los picadores para salvar la divisa, pero que se deje pegar, quedándose sin tirar cornadas en el caballo, que tenga fuerza para entrar y salir, ir y venir en lances y pases, pero no tanto para que apriete en la acometida y ponga en aprieto al torero. Que no puntee en capotes y muletas. Puntear es querer y no poder cornear; iniciar, sin lograr, la cornada, marcarla, sin propósito de darla; todo lo de más, quedarse con las ganas. Ni ese resto del instinto bravo de su raza. Que sea un toro cómodo, que es un nuevo matiz que complica y falsea la bravura ya aumenta la confusión. Que sea bueno, en fin, para el torero. Esta es la receta mágica que se busca: que parezca toro, que se parezca bravo y que no lo sea.

Todo esto es más difícil de conseguir y conservar, sobre todo de conservar, que la pureza y bravura rudimentaria de la especie, porque a la imperfección natural se añade la imperfección artificial. Ahí están de muestra ganaderías que fueron bravas, degeneradas mas tarde por descuidos, errores, consaguineidad y desconocimiento de lo que es la bravura, por estas manipulaciones de buscar inútilmente la bravura inofensiva del toro, que nunca es inofensiva, con el mediotoro, mediobravo, como si se pudiera ir a medias con el toro.

Esa distinción, muy de moda, del toro bueno para el torero o el toro bueno para el ganadero es la más disparatada concepción de la bravura; es un factor negativo. Es larga la lista de ganaderías infectadas de toros buenos para el torero, que es una forma nueva y peligrosa de la mansedumbre. La experiencia está desacreditada. El ganadero debe buscar con afán el toro bravo. Toro que no sea bueno para el ganadero, no es bravo, y por ende no es bueno para nadie, aunque parezca circunstancial y económicamente bueno para el torero. Cuando se encuentran el toro bueno para el torero y el torero para quien solo es bueno ese toro, el toreo no acude a la cita del cartel. 


 

viernes, 28 de septiembre de 2012

Centenario de la alternativa de José Gómez "Gallito"

José Gómez Ortega, Joselito o Gallito como lo quieran llamar. Figura del toreo de principios del siglo XX. Considerado por muchos el torero más completo de la historia de la Tauromaquia. El 28 de Septiembre de 1912 toma la alternativa en Sevilla, de la mano de su hermano Rafael El Gallo.


En aquella época había un buen maestro de la crítica taurina, don Gregorio Corrochano. Copio un fragmento de la crónica de la corrida de la Prensa de Madrid del 31 de mayo de 1917. Se titula: "Una faena del maestro". Corrochano le escribe a su maestro don Modesto.

Aquí es donde necesito de ti, maestro. Para contar esto quiero aquella pluma jugosa, llena de luz, que no parecía sino que al escribir te alumbrabas con los destellos de oro de un traje de torear. En un remedo pobre de inspiración, procuré narrarlo con tu estilo, y si acierto a imitarte, será un triunfo. Tú hubieras dicho, sobre poco más o menos:"Y fue el Papa, y encasquetándose la tiara, que lleva más firme que nunca, con una muleta plegada en la izquierda, salió a los medios, a donde el mansurrón esperaba en actitud defensiva; desplegó cerca, citó, y el toro se arrancó como un exprés y no muy franco. El Papa lo superó, lo aguantó y se lo sacó de la faja con un pase natural. Cada vez más cerca, cada vez más ceñido, toreando con la izquierda, se apretó tanto en un pase, que tropezaron en sus piernas las patas del toro. ¡Señores, qué pases! Con medio pase como estos pases se pasa a la Gloria sin permiso de San Pedro, ¡Qué pases!  ¡Pasad, y desvaneceos...!"

Y así en progresión creciente, con la aceleración del entusiasmo, yo no sé adónde hubieras llegado, maestro, al ver que inmediatamente después de estos diez pases admirables entró a matar y dio una estocada en las agujas, de la que rodó el toro. Yo no sé los Lagartijos y Guerritas que hubieras necesitado empalmar hoy para ver al Papa la estatura a que llegó, porque todo duró un minuto y se hizo en tres metros de terreno, con un toro mal picado que conservaba todo su poder. ¿Pero qué mérito tiene esto en quien mató en la pasada feria de Córdoba un toro sin picar ni banderillear, haciendo una faena de maestro y dando una estocada?. Realmente, no hay problema taurino  que no pueda resolver este asombro de torero.

Toreando de capa, él; haciendo quites, él; hasta con el estoque, él. Toda la corrida fue ÉL. Estupendo don Modesto, estupendo; nos hemos perdido su mejor crónica y su más ingeniosa hipérbole. Gallito cortó la oreja, dio dos vueltas al ruedo, y el murmullo de asombro y entusiasmos duró largo rato.