miércoles, 24 de abril de 2013

Miura, un clásico de la cabaña brava.


Después del gran triunfo de la ganadería de Miura en la Feria de Abril, aprovechamos para dedicar una entrada a este legendario hierro en peligro de extinción.
Don Antonio creemos que es consciente de lo que ha conseguido. Parece pensar que su obra es perfecta y no se atreve a alterarla. No quiere tampoco vender sementales.

A pesar de lo que manifiesta, en relación con aquellos, un corresponsal transmitió, a la revista El Toreo, una reseña que decía:

Ayer - se refiere al 14 de marzo de 1884 - en el encerradero de El Empalme se han embarcado cuatro utreros de don Antonio Miura, con destino al ganadero don Francisco Udaeta, el más romántico de toso, cuya reseñas son: Sombrerero, un castaño ojinegro: Choricero, negro chorreado en morcillo; Carcelero, cárdeno oscuro, y Tortolillo, negro, coliblanco y salpicado por detrás.

La noticia, conocidas las ideas del ganadero, causó un gran impacto, reproduciendose en varias publicaciones e, incluso, así figura en la Tauromaquia que dictó Guerrita. pero lo cierto es que no hubo la noticiable enajenación. Entre don Faustino y don Antonio existía una gran amistad, y este, bastante a menudo, como favor muy especial la autorizaba para que padrearan toros suyos destinados a la plaza de Madrid. Reses de muy buena nota que, generalmente, y como costumbre, permanecían en Manzanares el Real, solos o con las hembras, hasta que llegase el día de su lidia. Así sucedió con el toro Perdigón, de nefasto recuerdo, pues hirió mortalmente a el Espartero.

Don Luís Fernández Salcedo, aunque sin aportar pruebas concluyentes, posiblemente basado en los conocimientos adquiridos durante tantos años pasados junto a ganaderos y por la documentación de que pudiera disponer, incide en el tema de los sementales de la casa Miura, haciendo relación de los que se enumeran a continuación.

Se sabe, dice don Luís, que además de los novillos mencionados, en noviembre de 1885, don Antonio vendió a don Andrés Fontecilla un toro llamado Borriquero y dos vacas, escogidos por su conocedor que, con anterioridad, había sido vaquero en la ganadería de Miura. Este semental ligó bien y mejoró la ganadería, siendo lidiado un hijo suyo de nombre Bailador en Linares. Tomó diecinueve varas, mató catorce caballos y, como era por entonces costumbre, se le calificó de bandera por el número elevado de puyazos recibidos. En 1884, prestó tres becerros, lidiados posteriormente en Badajoz, Burgos y Montevideo, a don José Pereira Palha, que dieron excelente juego. También volvió a prestar a este ganadero otros dos en las primaveras de 1886 y 1888. La ganadería de don José Díaz fue cruzada en el año 1886 con un semental de don Antonio y el Escribano, reproductor miureño padreó en la ganadería de don Víctor Biencinto.

También aprovecharon la simiente miureña don Agustín Solís, don Constancio Martínez y Rafael Molina (Lagartijo), que tuvo padreando cuatro becerros. Y aún se enumeran más. Don Fernando Pérez-Tabernero formó su ganadería en 1882 con 25 vacas veragüeñas y un toro de Miura. Un toro cárdeno que se había inutilizado en Madrid antes de ser lidiado, fue utilizado por el marqués de Salas para echárselo a las vacas procedentes de Varela.

Fuera de nuestras fronteras, el ganadero mexicano don José Manuel de la Peña aportó varios lotes de hembras para que padrearan sementales de cuatro conocidas ganaderías españolas, uno de los cuales fue el que le vendió don Antonio y que estuvo con 45 vacas en el potrero de "La Luz".

Y no le faltan, por supuesto, los posibles compradores. pero fue fiel siempre que pudo, también, a su primera idea de no mezclar, de conservar en toda su pureza la ganadería que había creado. Al mismo tiempo decide no ceder sementales y enviar al matadero todas las becerras de desecho. Normas estas que casi ciento cincuenta años después su actual propietario mantiene inamovibles por convicción y respeto a sus antepaados. Contaba este que en cierta ocasión Manuel Benítez (El Cordobés), retirado, le pidió ir a tentar a "Zahariche". "Ya que no maté ningún toro suyo, quisiera, don Eduardo, lidiar una becerra". Así se hizo. Le echaron una, de desecho, que salió estupenda. Acababa la faena, y enterado de la circunstancia del desecho, pidió a don Eduardo quedarse con ella. El ganadero fue, dentro de su amabilidad y cortesía, tajante con ella. La becerra no saldrá de la casa.

Texto: José María Soto Mayor en el libro: Miura, siglo y medio de casta.
Fotos: Costillares del blog: Toro, torero y afición

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