viernes, 24 de agosto de 2012

"Público, palco y toros de dulce"

Crónica de Barquerito. Torosdos

Notable y bella corrida de Jandilla con dos toros -tercero y sexto- de excelente nota. Gentil lluvia de orejas: dos para dos faenas de Fandiño, una para David Mora.

Bilbao 22 ago. (COLPISA, Barquerito.

Miércoles, 22 de agosto de 2012. Bilbao. 5ª de las Corridas Generales. Nubes y claros, templado. Casi media plaza. El lehendakari López, en el palco del Gobierno Vasco.

Seis toros de Jandilla (Borja Domecq. Hermosa y pareja corrida, astifina pero armónica, de mucha bondad. tercero y sexto, de aire bravo, fueron toros de muy buena nota.

El Cid, de carmín y oro, silencio y saludos tras un aviso. Iván Fandiño de rosa y oro, una oreja en cada toros. David Mora, de escarlata y oro, una oreja y ovación.

la nobleza y la prontitud fueron notas sobresalientes de una hermosa, pareja y bien cortada corrida de Jandilla. Negros y afilados los seis toros, en tipo, sin carnes de más, astifinos pero recogidos. No salió ni el cornalón ni descarado. Más estrechos que anchos, largos, bien rematados. Se dice que las hechuras son infalibles. Por hechuras tenían que embestir los seis del envío. Y casi los seis. 

Justísimo de fuerza, tambaleante, el quinto, que llegó a derrumbarse, fue de mírame y no me toques, pero hasta ése quiso tomar sin resistencia engaño desde la primera baza y lo tomó. Los hubo mejores y buenos. tercero y sexto, los del lote de David Mora, fueron los de más alta nota porque los dos respiraron de bravo. El sexto romaneó con estilo mayor en la primera de dos varas y fue particularmente codicioso. El tercero tuvo lo que don Álvaro Domecq llamó en sus escritos "temple". Temple de toro, que es ritmo puro al embestir: todas las embestidas al mismo compás.

El primero, que salió, doliéndose de la divisa, fue muy llorón y blando -llorar es mugir, y dolerse es blandear- y, visto el conjunto, acabó contando como garbanzo negro. Negro o gris, pero no amargo, porque fue toro previsible. antes de irse con la mirada en busca de las tablas -que es en jerga de ganaderos querer "rajarse"-, ya se había venido soltando de engaños y volviendo grupas o al revés. Pues también fue bondadoso ese toro, que salió tronchado de una primera vara demasiado severa. La primera vara de Bilbao no será tan lesiva como lo son por norma en Pamplona o Madrid, pero por ahí se le anda.

El segundo de la tarde escarbó antes y después de varas, se fue por su cuenta al caballo y se empotró con él empujando a querencia, esperó en banderillas un poquito y, aunque rebrincándose a veces, tuvo el honor de abrir el desfile de toros buenos. Con mucha menos música que tercero o sexto. Sin la liviandad del quinto, que de tan bueno pecó de inofensivo; y sin la pujanza del cuarto, que fue el más nervioso de todos y el único al que pudo verse echar la cara arriba alguna vez aunque rara vez.

Sumados ritmo, son bondad y fijeza, la corrida salió de dulce, pero no empalagosa, porque de eso justamente no hubo. Las señas bravas tan generosas de tercero y sexto aportaron al promedio del conjunto un sello distintivo: la calidad. No solo el buen sabor de boca dejado. Sino algo más.

La corrida, por un lado. y de dulce el público de Bilbao, que lo aplaudió todo sin peros ni pegas. Una protesta mínima por la concesión de la oreja del quinto a Fandiño; de los mismos que habían protestando el toro por claudicar y amenazar derribo, un todo vale de apabullante cortesía que para todo dio. El Cid puso empeño en su segundo turno, con el toro que , la cara arriba, le llegó a desarmar, mató a  la cuarta -y perdiendo y soltandoel engaño en dos de los intentos, sonó un aviso y, sin embargo, arrastrando el toro, lo hicieron salir a saludar a la boca del burladero. Se estuvo resistiendo El Cid pero no tuvo más remedio.

En una corrida donde debió de batirse la marca de muletazos -¿doscientos y pico? -habría que reconocer los muletazos de encaje y composición más ricos, sin contar tres o cuatro de pecho de Fandiño a suerte cargada, fueron los de un manojito en redondo y por abajo que El Cid, dormido el brazo, le pegó al cuarto. El Cid tuvo, además, el gesto de recoger el guanto arrojado un toro antes por David Mora, que abrió faena del tercero con un cite de largo desde el mismo platillo, y el toro vino como una locomotora. El Cid haría por eso lo mismo en su segunda baza. Para entonces se llevaban premiadas con orejas sendas faenas de Fandiño y el propio David. Estímulo para El Cidm que lo vio claro pero no contaba con que el cuarto iba a ser el único toro ligeramente imprevisible de una corrida tan de fiar.

Tal vez por ser tan previsibles los dos toros del lote de Fandiño pecaron las faenas de monótonas. tandas de cuatro y el de abrochar, y la pausa con paseo. Estuvo firme y seguro el torero de Orduña, que no se permitió la mínima variación. Ocho tandas y las ocho idénticas. Y una estocada desprendida. La casta afloró, se llegó a levantar el toro. La del quinto fue de sujetar la dócil embestida tan frágil del toro, que no pudo ni llegar a suerte por la mano izquierda porque perdía las manos al estirarse. Eso obligó a Fandiño a salirse de guión. La cosa estaba caída cuando Fandiño se arrancó antes de montar la espada con una tanda de muletazos por alto a pies juntos. ¿Bernardinas? ¡No! Joaquín Bernadó patentó un muletazo que, dentro de ese género, era exquisito y, siendo de ajuste obligado, no dejaba ni mota de sangre en la chaquetilla. Con la espada se atracó Fandiño.

Tanto Fandiño como El Cid usaron la capa en lances de recibir y lidiar, sin apenas estirarse, y, en cambio, Mora hizo el gasto: dos largas cambiadas al tercero, un quite por chicuelinas de costadillo a ese toro y un intento en serio a la verónica con el sexto y de salida. Lances rápidos -de muchos pies el toro, arrebatado en los primeros ataques- y dos medias revoladas y recogido el capote en el ombligo. Vertical y a pies juntos. Rumbosa pero desigual la faena de Mora al bravo tercero, que por bravo le hizo perder pasos por la mano izquierda. Más constante el ritmo que redondos los logros. Vibrante. El toro fue de los de enganchar y llevar, y no de los de tocar y soltar. Una estocada. Muy parecido el aire de la otra faena, de menos gancho que la primera, no sencilla porque el toro era de obligación y no de devoción. El palco hizo trabajar a los músicos casi a destajo. Dos vueltas para cada uno de los cinco pasodobles de las cinco faenas musicadas. Un exceso. 

Foto de Emilio Méndez.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Más sobre la corrida de Fuente Ymbro en Bilbao

Ya han pasado varios días de que se lidiara en Bilbao la corrida de toros de Fuente Ymbro y aun se habla de ella, ya sea para bien o para mal. Por lo que me comentan, por lo que leo y por lo que a algunos les pica, no debe haber sido una simple corrida de toros. Os dejo aquí la opinión del crítico taurino don Rafael Cabrera que expone en su blog Recortes y galleos

 La corrida fue muy seria, un verdadero corridón de toros, pese a las distintas hechuras de los animales, como esos dos primeros muy aleonados, echados para delante, de anchos y profundas pechos y magníficas arboladuras, sin un átomo de grasa, con los ijares hundidos y quizá algún menor cuajo por detrás. Toros antiguos de aspecto. Toros quizá con hechuras diferentes a las que cabría esperar en una ganadería de origen Jandilla, pero hijos y nietos de sementales y vacas de la propia ganadería..., no se confundan. Rematar esos toros por la culata hubiera supuesto sesenta, ochenta o cien kilos más... Hubo trapío más que suficiente, vean si no, al jabonero inicial, Señori...to, supongo. Los tres últimos fueron más bajos y largos, perfectamente enmorrillados y llenos por atrás, pero aunque disparejos con los iniciales, con cuajo más que suficiente para la plaza bilbaína. Los de ayer, de Cuvillo, parecían sus nietos, y eso que hubo alguno de peso similar... Entre uno y otro de Fuente Ymbro hubo tan sólo 24 Kilos de diferencia, y la media fue de 554 kilos, ¿hace falta más?

Fotos de Emilio Méndez.




"El Juli, fiero, felino y sabio"

Crónica de Barquerito. Torodos

Versión espléndida de Julián con dos toros que no regalaron nada. Lidias precisas, estocadas buenas y, sobre todo, la emoción de una gran faena de riesgo y todo verdad.

Bilbao, 21 ago. (COLPISA, Barquerito).

Martes, 21 de agosto de 2012. Bilbao. 4ª de las Corridas Generales. Tres cuartos largos de plaza. Encapoptado, templado. Después del paseo, sacaron a Morante a saludar desde el Tercio.

Seis toros de Núñez del Cuvillo. Corrida astifina, terciada con la excepción de un sexto grandón, más agresiva que brava en general. Primero y sexto dieron buen juego. Se vino abajo el tercero. Pelearon segundo y quinto sin entregarse. Manejable un cuarto bondadoso.

Morante de la Puebla, de canela y oro, saludos tras dos avisos y pitos. El juli, de púrpura y oro, saludos y una oreja con petición de una segunda. Alejandro Talavante, de carmín y oro, silencio y ovación tras un aviso. 

Buenos pares de Rafael Cuesta y Luís García. Notable varas de Diego Ortíz.

Fue protagonista El Juli. La corrida de Cuvillo dio dos toros propicios. De remate y condición diferentes: un primero zumbante, pronto y combativo, y un sexto, que rendido a última hora, tuvo en la muleta claro son. Ninguno de ellos entró en el lote de El Juli. No es que los dos toros de El Juli fueran imposibles prendas, pero no salieron propicios precisamente. Por la manera de manejarlos, templarlos y someterlos, por el alarde de recursos y por la manera de arriesgar, por todo eso fue protagonista El Juli en versión felina, templada y sabía.

Pues ni Morante, torería derramada, alentado y jaleado, llegó a redondear ni a terminar de acoplarse con el primer cuvillo, ni tampoco Talavante, firme, ambicioso y decidido, acertó con el punto, el modo o el sitio que el sexto, el mayor de la corrida, pareció reclamarle desde la primera baza. Como El Juli estuvo la tarde entera con la bombilla encendida, las comparaciones se hicieron obligadas. Se podía imaginar sin esfuerzo el sexto toro en manos de Julián. Y el primero también. Y habría salido la cosa de otra manera.

La corrida de Cuvillo no se prestó a ejercicios de estilo, sino a toreo de poder y riesgo. La pinturería de Morante, cinco o diez muletazos de embriagadora cachaza, y hasta su afán; las improvisaciones precipitadas de Talavante en esos cambios de manos y viajes con que suele prodigarse. Pero la altura del listón la dejó marcada la autoridad de El Juli.

El segundo de corrida, tratado con suave diligencia, se empezó a venir andando a partir de los quince viajes y, cuando El Juli lo provocó, punteó regañado el engaño, y se quedó corto o debajo. Pareció encogerse como los toros que se defienden, pero, encogido y todo, pegó algún gañafón. De ese toro hizo carrera EL Juli, sin embargo. No una faena épica, pero si precisa y resuelta. Lo difícil fue torear con tanta resolución y tan sin tregua. Reunirse tanto con un toro que tanto se resistía y que llegó hasta a pisarle la muleta por el mismo palillo, y a pegar testarazos cuando sintió encima la mano que lo obligaba.

El arranque de faena, en tablas y en tanteo de gobierno, fue lindo. Dos tandas en redondo con cites de largo, ya todo en el tercio y casi los medios, y en perpendicular con las rayas, tuvieron ese ritmo continuo tan del toreo de El Juli: pulso vivo, toques seguros, encaje, ligazón. Muletazos que les duelen a los toros. Te tomo, te crujo, te coso, te espero, te aguanto, te puedo... Esa es la letra. Y la música a veces sorda pero tensa de El Juli. 

Los siete lances de asiento y cata con que El Juli recibió al toro fueron de buen dibujo; la media de remate barroca; estupenda la larga con que dejó al toro en suerte para el primer puyazo tras solo dos lances de brega sencillos; gracioso un quite ajustado por chicuelinas en los medios; y en fin, un quite por gaoneras de Talavante tan atrevido como enganchado. El Juli cobró por derecho una estocada trasera y, sin hacerse de rogar ni espera, pidió el verduguillo y acertó a la primera con el descabello. Se pidió la oreja.

El Juli del quinto toro fue más intenso y más poderoso que el del segundo. Porque ese quinto de Cuvillo tuvo sus gatitos dentro y su punto incierto, escarbó mucho y sólo a Julián le entró por la cabeza. O por el corazón, porque esta segunda faena fue de un aguante nada común. Primero, una tanda de banderas en tablas; luego, de rayas afuera, tres tandas de serio dominio -dos, por la izquierda; una por la diestra-, ligadas en el sitio, sin trampa ni cartón; y al fin, a toro renegado, los largos momentos dramáticos de un desafío mayor.

Encajado entre pitones, El Juli se batió firme en péndulos tremendos, resueltos todos con viajes del toro sacados a tenaza pero con pulso imponente. Ni un respiro al toro, que se le paró a Julián dos o tres veces, y lo tuvo a tiro otras tantas. Se puso de pie la gente cuando desde los medios, donde pasó todo eso, se fue Julián a cambiar de espada. Gran estocada. Al toro le había pegado en el saludo siete lances de gobierno, le había hecho un primoroso quite por delantales y, ya cambiado el tercio, El Juli se adornó con el quite del Zapopán en el mismo platillo. Trabajo, por tanto, completo. Se quedó corto el palco al negar una segunda oreja.

La emoción de esa segunda faena tan redonda sin parecerlo de El Juli se dejó sentir después y hasta con efecto retroactivo. El trabajo de Morante con el cuarto pareció por contraste de tirar líneas o de caligrafía; justa de recursos la faena de Talavante con el tercero, que fue un zapato. Una golosa fantasía el rosario de hermosas cosas sueltas de Morante con el primero. Un fogonazo el intento incompleto de Talavante con el sexto.

 Foto de Arjona, Aplausos

Una corrida larguísima

Crónica de Barquerito. Torosdos

Dos toros inciertos y difíciles, primero y sexto de Fuente Ymbro, reparten emociones de angustia. Brava pelea de Urdiales y David Mora. Festejo de muchos tiempos muertos.

Bilbao, 20 ago. (COLPISA, Barquerito).

Lunes, 20 de agosto de 2012. Bilbao. 3ª de las Corridas Generales. Casi un tercio de plaza. Nublado, templado.

Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). Corrida astifina, de desiguales hechuras y serio remate. El primero, jabonero, listo y celoso, fue difícil pero dio juego. El sexto, violento al lanzarse, fue todavía más complicado. El quinto escarbó y se defendió. A menos un soso segundo y un manejable cuarto; se paró el tercero. 
Diego Urdiales, de verde aceituna y oro, saludos tras aviso en los dos. Leandro Marcos "Leandro" de verde parra y oro, silencio y silencio tras aviso. David Mora, de nácar y oro, saludos y vuelta al ruedo.

Dos notables pares de El Puchi al tercero.

Dos horas y media de festejo, pero parecieron tres. Se hizo larguísimo. Los dos toros de emoción de la corrida de Fuente Ymbro fueron el primero y el último. Lo que hizo denso el espectáculo fueron los cuatro toros jugados entre medias. El ganadero de Fuente Ymbro -Ricardo Gallardo- tiene el capricho de echar anualmente en Bilbao por lo menos un toro jabonero. Para que se sepa que los tiene. Son mayoría los negros en Fuente Ymbro; y, luego, los colorados, y los castaños retintos. Y, en fin, la minoría de los jaboneros, que tanto gustan.

Abrió corrida el jabonero.Descarado y astifino. De ancho balcón y muchos pies. Además de cara -más carnes o presencia que trapío-, tenía plaza el toro. No fue sencillo. Salieron espabilados y listos los dos toros que más provocaron. En listeza eléctrica y hasta violenta se llevó la palma el sexto, incierto, agresivo y de ataques descompuestos. No es que el primero fuera una malva, pero al menos avisaba: codicioso de partida, pero celoso y pegajoso después. Decían los taurinos antes: "toro que sabe lo que se deja detrás". Y, como lo sabía, volvía revoltoso por sus pasos a buscar tobillos, espinillas, zapatillas o pies.

Diego Urdiales lo fijó de salida con buenos, seguros y bonitos lances por delante. Luego de una engañosa pelea en varas -se empleó en la primera y remoloneó en la segunda- estuvo por decantarse el toro. Su son. Se abrió con él en los medios el torero de Arnedo. Mientras estuvo tapado Diego, el toro pareció alegre y casi dócil, pero, en cuanto se descaró, se revolvió el toro, que por la mano izquierda escoció de verdad: la antena puesta, el viaje retorcido en frenada y gaitazo. Por la derecha le salió el aire celoso, que no dejó a Diego ligar propiamente, pero sí dibujar muletazos sueltos de rico trazo. Sin ligazón no hay faena que rompa. Diego abusó del toreo a la voz y se fue, además, de tiempo. Dos pinchazos y, soltando el engaño, una entera a capón. Llamativa la calma para resolver la papeleta. El toro, con su encendido picante, fue de los de hacer sufrir. La gente respiró tras el arrastre.

Entrer ese arrastre y el del sexto -casi dos horas, plomizo el cielo- se puso más caro y fastidioso el aire. Sólo la gentileza del palco y los músicos -que atacaron La Giralda durante la faena del cuarto- sacudió un muermo indisimulable. El segundo de corrida, astifino desde la cepa al pitón, cornialto y casi veleto, se empleó sin celo y no descolgó. Leandro, airoso en los seis muletazos de tanteo, se embarcó en largo trajín. Algún muletazo descaderado, raramente dos seguidos, un exótico final por manoletinas -¿o mondeñinas?-, tres pinchazos, una honda, dos descabellos.

El tercero, largo y engatillado, bien puesto, se durmió fijo en una primera vara larguísima. Mora le había pegado en el recibo siete lances de revuelo -mucha tela- y media compuesta, Urdiales quitó por chicuelinas apuradas. Fue toro mirón, de acostarse por las dos manos. Y se vino abajo. Un trasteo grave, reiterativo de David. Intentos de toreo ayudado con la izquierda a toro apagado, cites en uve, agarrones al lomo en los viajes cortos. Una estocada trasera.

El cuarto, alto y ensillado, apretó en una vara, fue un punto mirón, se lo pensó, se acabó rebrincando. Le pegó Urdiales con la izquierda y ayudándose muletazos ajustados y templados. Fue, sin embargo, faena morosa. Le faltó tensión al toro.

El quinto oliscó de salida, escarbó lo indecible después, se picó al relance y se escupió de la segunda vara y fue en la muleta protestón, de puntear engaños y frenarse antes de suerte, desarmó a Leandro hasta tres veces y lo esperó después de cuadrado. No entró la espada, cayó un aviso. Hasta a los areneros parecían pesarles los pies, las escobas y las espuertas después de recomponer el ruedo con arena cenicienta.

Y entonces, como ducha fría, se soltó el sexto, que echaba chispas al lanzarse sin estirarse de verdad. Los viajes fueron, por eso, arreones inciertos, trallazos de genio. No perdió los papeles ni los nervios David Mora, que pretendió torear por derecho y no renunció a hacerlo. Lo que no pudo ser fue pegarle ni uno ni dos ni tres por abajo al toro. Pero sí cambiarle el viaje para que no arrollara. Fuera majeza. Ese fue el merito mayor del trabajo, que tuvo su parte sofocante como todos los combates. Soltando el engaño, una estocada por el hoyo de las agujas. Rodó el toro.

 Foto de Arjona, Aplausos

lunes, 20 de agosto de 2012

"Seis toros muy astifinos"

Un año más realizaremos un seguimiento especial a la Feria Aste Nagusia de Bilbao con las crónicas de Barquerito.

Crónica de Barquerito. http://www.torosdos.com/index.php?option=com_content&view=article&id=4391:bilbao-cronica-de-barquerito-qseis-toros-muy-astifinosq&catid=3:cronicas&Itemid=4

Corrida de condición y juego desiguales de La Quinta. Seguro y capaz Antonio Ferrera. Garbo de Morenito de Aranda con un buen sexto. Discreto Gallo en su vuelta a Bilbao.

Bilbao, 19 de Agosto. (COLPISA, Barquerito).

Domingo, 19 de agosto de 2012. Bilbao. 2ª de las Corridas Generales. Un cuarto de plaza. Soleado, templado. Excelente la banda de música.

Seis toros de La Quinta  (Álvaro Martínez Conradi). En tipo, muy astifinos, de general nobleza y distinta condición. Primero, cuarto y sexto tuvieron bondad. Revirado un quinto listo. Manejable el segundo; apagado el tercero.
 
Antonio Ferrera, de negro y oro, saludos en los dos. Eduardo Gallo, de azul pavo y oro, ovación y silencio. Morenito de Aranda, de azul prusia y oro, silencio y ovación tras un aviso.

LA CORRIDA DE La Quinta fue preciosa. Armada, pero no descarada. Y muy astifina: las astas pálidas, los pitones negros, buidos, brillantes. En peso los seis, incluido un sexto que pasó con sus 570 kilos muy por encima del promedio de 520. Hubo toros particularmente bellos: un segundo casi entrepelado y de bravo aire; un cuarto cárdeno tan malva que se transparentaba, y casi ensabanado el tronco, careto –blanca la pinta de la faz, como merengue o polvorón-, rabicano, coletero, lustroso a pesar de ser de pinta clara, listón, bragado. Un poema. El toro de más carnes, el sexto, fue el único de basto remate, pero el que mejor descolgó y el de más largos viajes.

El quinto, de capa muy parecida a la del cuarto, no fue tan de cromo. No solo eso: sino que esos dos salieron de condición muy distinta. Noble el cuarto; listo y un punto avieso el quinto, que fue, por cierto, muy badanudo. Hubo un solo toro cinqueño –el tercero de corrida- y se dio aire diferente a los otros cinco: más rizado el testuz, más ancha la cuna. Bajos de agujas los seis, pero sin ser cortos de manos. En el tipo de Santa Coloma estuvo la corrida. El primero y el sexto, más en la línea predominante de Ibarra, que da un toro de más sencilla forma de ser; en la frontera del cruce con Saltillo los otros cuatro, y de fondo más revuelto.

Fue, sin contar la díscola conducta del quinto, corrida de general nobleza. El segundo cogió a Eduardo Gallo y lo tuvo encunado, pero no hizo por la presa sino por quienes vinieron a quitársela. El toro de Santa Coloma no es de humillar, ni siquiera cuando descuelga. Pero es pronto y no se hace de rogar. A ese guión se atuvo la corrida toda. El primero obedeció en son, fue toro elástico; el cuarto sacó el punto de viveza propio del encaste; el sexto, cuyo gateo de salida fue tan prometedor, se acabó dando sin regalarse.

No fue corrida fácil ni difícil. Ni de público ni tampoco de toreros. Pero tuvo su personalidad distinguida y no fueron casuales las palmas en el arrastre para los tres mejores. El tercero, el cinqueño, fue el más apagado de los seis; el segundo, de porte y gesto bondadosos, echó mucho la cara arriba y protestó en la corta distancia. Al quinto, en fin, hubo que echarle de comer aparte. No fue toro zapatillero ni pegajoso, pero sí distraído. Atizó en serio en dos o tres bazas, se sacudió el engaño. Pero a ese garbancito negro y no solo a él le faltó la chispa, el motorcito, el viaje suficiente, la entrega y el ritmo de los toros mejores de una ganadería tan rica en reatas y registros como la de La Quinta. Algo frío el lote entero, que cumplió en los caballos. El cuarto, con corazón; el primero, con calidad.

Con el lote más propicio, Antonio Ferrera hizo las cosas más brillantes: lancear encajado a sus dos toros de salida, lidiarlos con autoridad; banderillearlos casi a capricho y hasta regalar a la gente un tercio de banderillas en el cuarto que fue mixtura de lances de capa y reuniones en la cara de distinto color mientras, entre par y par, dejaba el capote posado en vertical como un mojón en la arena; y torearlos de muleta con facilidad, buen pulso y buenos brazos, rematar tandas con el de pecho, no cansarse, no pasar ni un mal apuro. Sobrado de oficio y, además, ganoso, porque hacía tiempo que no toreaba en Bilbao. La tanda final a pies juntos al cuarto toro –de perfil, encajada, perdiendo pasos- fue ejemplo de buen toreo. Una estocada desprendida y con vómito en el primer turno; dos medias –soltando el engaño en el primer ataque- y un descabello después. Lo aplaudieron con fuerza, cariñosamente.

Gallo bailó con la más fea. No solo porque el quinto no aguantara ni una broma, sino porque con el segundo, aunque arriesgó, no terminó de acomodarse. El toro pareció pedirle el sitio y la distancia que Gallo, de siempre más a gusto en el toreo de cercanías,  se resistió a darle. Una rara estacada tendidísima que asomó fue un borrón. Estuvo, a cambio, en torero entero.

Morenito de Aranda se prodigó con el capote pero en lances forzados y no en su mejor versión de capotero de manos bajas. Le pegó al tercero, que no metió los riñones ni una vez, doblones hermosos pero innecesarios y le hizo al sexto una faena de mucha vibración, imaginativa, de saber ganar y perder pasos a tiempo, de buen dibujo, con muy airoso final clásico de toreo cambiado y recortado. El garbo. Pero ni entró la espada ni pasó Morenito. Morenito, por cierto, se llamaba también ese sexto toro.

Postdata para los íntimos.- En el Puente de la Merced -en la margen izquierda del Nervión, no sé si en la derecha también- se cuenta en un panel muy preciso y bien escrito la historia de los seis puentes que unieron en su día la vieja villa con el municipio de Abando. Es una pena que desde ese punto sólo se distinga el llamado Puente de la Ribera y antes de San Francisco. La historia de Bilbao está escrita por la construcción y voladura de puentes -durante la primera y la tercera guerra carlista, durante la guerra civil- y hasta hoy no había reparado en ese detalle. La zona de la Merced como la de la calle de San Francisco está poblada de marginales.

Las traseras de la estación de Abando, donde ha sobrevivido en pie el almacén racionalista de las Bodegas Bilbaínas, son zona de botellón y el hedor es insoportable. El río baja limpio. En el vestíbulo de la estación de La Naja, de donde salen los trenes para Balmaseda, se ha instalado el librero de lance que antes se ponía los domingos en la Plaza Nueva. Me ha dicho que le sonaba mi cara y que se acordaba de mí.

Hacía calor pero no picaba. En la zona del Arriaga y del Arana había tumulto, ruido y gentío. En cambio, en el Monterrey, en la Gran Vía, cuando entré a las 2 con idea de comer, no estábamos más que dos personas. Luego fueron llegando más. He comido de maravilla, me han tratado como a un príncipe y he estado a punto de contar al jefe y a la gente de la barra que voy al Monterrey por los toros, porque tuve un amigo torero que trabajaba allí -cuando habia trabajo y cuando había toreros- y no por la crema de pescado ni la por la merluza ondarresa ni por el pudín de naranja ni por el café, que es el mejor del mundo. Al fondo del estrecho comedor, un paisaje cubista de Machinbenta, el pueblo donde nació el dueño del local. El paisaje tranquiliza, y parece que está al otro lado de la ventana. Y no es una ventana sino una pared. Esa es la gracia. 

Poca gente en la plaza. Resaca de la bajada de la MariJaia. El Athlétic jugaba a la misma hora en San Mamés. Aquí están indignados con Llorente porque dicen que quiere darse a la fuga y cobrar sin jugar. En el Deia de hoy sale una entrevista con Mauri -el de Mauri, Maguregui, Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza que es una verdadera maravilla. El fútbol vasco de los años 50, tan inglés. La época de Antonio Ordóñez.

Vale!


Fotografía Arjona, Aplausos

jueves, 16 de agosto de 2012

El Rincón de Chatino: Ilusiones, ilusos e ilusionistas

Por Chatino. ILUSIONES, ILUSOS E ILUSIONISTAS

 

La ilusión es la fuente de donde beben  los niños y los jóvenes para mantener viva la esperanza del futuro; es también la llama que mantiene en pié al hombre, para no caer derrotado frente a los sinsabores cotidianos y la luz que nos ilumina en las largas noches que nos trae el paro.

El iluso es aquél que confunde la realidad con la imaginación, la velocidad con el tocino, el culo con las témporas, lo que es con lo cree que debería ser, vamos que es un gilipollas integral. Me viene a la memoria aquello de “Y vivía de ilusiones el t……………..”.

El ilusionista es el individuo que tiene la capacidad de hacer ver a un tercero lo que éste quiere ver, utilizando artimañas y trampas de difícil captación por el poco experimentado, consiguiendo ponerle cara de bobo y de sorpresa.

En el primer tercio, encontraríamos en la vida común, ejemplos múltiples en nuestro entorno y con respecto al mundo de los toros, identificaríamos enseguida a los chavales de las escuelas taurinas, a los novilleros que no se arredran tras llevarse algún porrazo, que se levantan sin mirarse, porque saben que este mundo es así de duro y a los jóvenes toreros que se sienten gozosos al disfrutar de una tarde gloriosa en una plaza importante, dando la vuelta al ruedo, con los trofeos dignamente cortados a su oponente, que ha tenido un comportamiento excelente, haciendo el avión al embestir y colocándose (el toro) en el lugar donde le tenían que colocar los engaños.

En el segundo tercio, encontramos a aquellos que pensaban, por ejemplo que Madrid sería la sede de los juegos del 2016 (llamados ya “Los Gallardones”, no porque derrochen gallardía, sino porque son tan mentecatos de la vida como él). Es también aquél padre que ve a su hijo dar una patada al balón y se piensa que ya tiene allí a Butragueño y ¡por supuesto! Al padre, abuelo, tío o avaro suelto, que al primer esbozo de plantarse delante de una vaquilla, de forma altiva y descarada, acompañando el viaje con cierta gracia, que tiene el hijo, nieto, sobrino o niñato de la vecina del quinto, que está que rompe (en el caso del avaro ligón), montamos la de San Quintín y pensamos que nos encontramos ante la viva imagen de Manolete, Belmonte o Paco Camino.

En el tercero y último tercio, tenemos los españoles vivos ejemplos, pero el más cercano en la cotidianidad es, sin lugar a dudas, nuestro actual Presidente del Gobierno, cuya profunda chistera no tiene fín y cuya gracia para convencer no es superada por ningún  mago viviente. En el toreo, hemos tenido en todas las épocas, personajes ilustres, que han sido verdaderos ilusionistas, haciendo ver a los aficionados más mentira que verdad, echándole más cuento  que Calleja, pero tienen perdón aquellos que se visten, aunque los verdaderos ilusionistas son aquellos que manejan las riendas desde fuera, con el dinero mafioso y las publicidades engañosas.

Los tres tercios tienen nombres y apellidos, fecha de nacimiento y lugar de procedencia, pero dejo a la amplia imaginación de los aficionados esta labor de fácil adivinanza y ya lo comentaremos más despacito.